«Las personas intolerantes rechazan a las que no son como ellas mismas; las tolerantes las aceptan… siempre y cuando se vuelvan como ellas mismas. Por esto se suele aceptar a los niños sólo como adultos en potencia; a los pacientes enfermos, sólo como personas potencialmente sanas; a los judíos únicamente como cristianos en potencia; y así sucesivamente.»
— Szazs, Thomas. El segundo pecado. Alcor: Barcelona, 1992. Traducción de Jordi Beltrán.