¿Mervyn Peake?

Esta foto está desde hace siglos en mi carpeta y la cogí de vete tú a saber dónde (sorry, no puedo acreditar) porque el pie de foto juraba que lo era. Sea como sea, Mervyn Peake, sin interrogaciones, se convirtió en mi escritor favorito desde que leí Gormenghast. Intento recomendárselo a la gente pero, por lo general, me lo devuelven diciendo “si escribe muy bien pero… ¡son trescientas páginas y no pasa nada!”. Está claro que tenemos conceptos muy distintos sobre lo que significa “pasar algo”, porque para mí no dejaban de ocurrir cosas a cada momento, pero quizá sea sólo por mi carácter contemplativo. Será también eso de los gustos y los colores. A mí me gusta Proust, qué puedo decir. Y, claro,  Mervyn Peake es algo así como el Proust de la novela gótica, con ese toque trágico de rockero que muere antes de completar su obra.

Desde aquí vuelvo a recomendarla, con la cláusula de exención de responsabilidad incluida por no ser un folletín lleno de peripecias, piruetas y redobles de tambor. Pero pasan cosas, todo el rato: microscópicas a veces, otras no tanto. Y los personajes son tan maravillosos. Y escribe tan bien, por todos los dioses, taaaan bien. Mención especial para la traducción de las tres obras publicadas en Minotauro, que traducir a Mervyn Peake tiene que ser un placer y una pesadilla, y a mí el estilo me encandiló desde el principio.

Editado: ni caso a la serie de la BBC, que me perdonen los cabritish, pero por mucho Christopher Lee que salga, a mí me pareció algo de lo más insípido. Mucho mejores las adaptaciones de los libros de Sally Lockhart, de Philip Pullman, unos folletines de lo más dignos que también deberíais leer.

¿Mervyn Peake?

Esta foto está desde hace siglos en mi carpeta y la cogí de vete tú a saber dónde (sorry, no puedo acreditar) porque el pie de foto juraba que lo era. Sea como sea, Mervyn Peake, sin interrogaciones, se convirtió en mi escritor favorito desde que leí Gormenghast. Intento recomendárselo a la gente pero, por lo general, me lo devuelven diciendo “si escribe muy bien pero… ¡son trescientas páginas y no pasa nada!”. Está claro que tenemos conceptos muy distintos sobre lo que significa “pasar algo”, porque para mí no dejaban de ocurrir cosas a cada momento, pero quizá sea sólo por mi carácter contemplativo. Será también eso de los gustos y los colores. A mí me gusta Proust, qué puedo decir. Y, claro, Mervyn Peake es algo así como el Proust de la novela gótica, con ese toque trágico de rockero que muere antes de completar su obra.

Desde aquí vuelvo a recomendarla, con la cláusula de exención de responsabilidad incluida por no ser un folletín lleno de peripecias, piruetas y redobles de tambor. Pero pasan cosas, todo el rato: microscópicas a veces, otras no tanto. Y los personajes son tan maravillosos. Y escribe tan bien, por todos los dioses, taaaan bien. Mención especial para la traducción de las tres obras publicadas en Minotauro, que traducir a Mervyn Peake tiene que ser un placer y una pesadilla, y a mí el estilo me encandiló desde el principio.

Editado: ni caso a la serie de la BBC, que me perdonen los cabritish, pero por mucho Christopher Lee que salga, a mí me pareció algo de lo más insípido. Mucho mejores las adaptaciones de los libros de Sally Lockhart, de Philip Pullman, unos folletines de lo más dignos que también deberíais leer.

posted 1 year ago on November 13th, 2010 at 12:10 /
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